Y la reflexión pausada suaviza el alma pensativa;
Mientras la razón imperturbable afirma su balanceo,
Y los colores engañosos de la vida se desvanecen:
Hacia tí, presencia omnisciente,
Dedico este pensamiento moderado,
Aquí recluyo mis mejores facultades,
Y me vuelvo tuyo en esta hora de sagrado silencio.
Deja que me siente en tu sombra más oscura,
Mientras los grises búhos vuelan sobre tí;
Allí he de rogar tu bendición:
No convertirme en una ilusión,
No desvanecerme en un lento letargo.
Escrutando a través de las penumbras,
Como alguien vacío de vida y esperanzas,
Congelado como una escultura de piedra,
Me siento en tu sombra, pero no solo.
Si las ilusorias escenas del día me engañan,
Y mi alma errante se aparta del sendero:
Si por engaño o deseo, iluso, ante la pasión cedo,
Si yerro encantado por un vértigo impostor,
Mis pensamientos más tranquilos te reclaman,
Y toda mi esperanza se disuelve en tu amor.