martes, 25 de septiembre de 2012

Eterna inquietud

Pudo ser... Y no fue Tú la elegida fuiste para ser sol de mi camino, pero un oculto, despiadado sino, sólo un instante te acercó a mi vida. Pudo ser y no fue. La presentida por mi eterna inquietud de peregrino de amor, fuiste en la noche del Destino como una vaga irradiación perdida... En medio de la sombra y la distancia, reconoció tu espiritual fragancia mi corazón, pero tembló cobarde... Y sólo un punto -Como dos espadas- se cruzaron no más nuestras miradas para decirse: ''Demasiado tarde''.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Sueños diurnos.

¡La sombra!, ¡Los recuerdos! Si porque te quiero quieres que yo la muerte reciba hágase su voluntad, muera yo porque otro viva. Hasta la almohada en que duermo tiene lástima de mí; de ver como gimo y lloro cuando me acuerdo de ti. Allí ni un solo rayo, pero la luna venía Temblabas y eras mía, en un sueño me vertía. Una errante luciernaga alumbró nuestro beso, el contacto furtivo de tus labios de seda... La mistica de aquél sofá sombrío... Dieron paso a esos íntimos besos Esas noches de dulzuras, de las cuales me acuerdo todavía en señorial sala de estar, la tapicería amortiguaba el ruido con sus hilos espesos, desnuda tú en mis brazos fueron míos tus besos; tu cuerpo de pardo rojo seda, tus cabello oscuros y tu melancolía lisa, tus frescuras de virgen y tu olor de resesa... Apenas alumbraba la lámpara los desteñidos labrios de el último beso.

Caricia perdida.

Estuve en tu jaula, jaula que me das.
Porque no me entiendes, ni me entenderás.
Suelta a tu canario que quiere volar.

Te amé a media hora, no me pidas más
Porque lo que es amar
es recobrar la llave oculta que abre la cárcel
en que el alma está cautiva.

Pude amar esta noche, con piedad infinita,
pude amar a la primera que acertara al llegar.
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida rodará por allí... Y rodará...
Se me va de los dedos la caricia sin causa,
La caricia que vaga sin destino ni objeto.

Si en el viento te llaman esta noche,
si estremece las ramas un dulce suspirar,
si te oprime los dedos una mano pequeña
que te toma y te deja, que te logra y se va;
si no ves esa mano, ni la boca que besa,
si es el aire quién teje la ilusión de llamar,
Niña... Que tiene como el cielo los ojos,
en el viento fundido, ¿Me reconocerás?.

Alma venturosa

Te ando buscando, amor que nunca llegas,
te ando soñando, amor que te mesquinas,
me aguzo por saber si me adivinas,
me doblo por saber si te me entregas.

Las tempestades mías, andariegas,
se han aquietado sobre un haz de espinas;
sangran mis carnes gotas purpurinas
porque a salvarme, te me niegas.

Mira que estoy de pie sobre los leños,
que a veces bastan unos pocos sueños
para encender la llamo que me pierde.

Sálvame, amor, y con tus manos puras
trueca este fuego en límpidas dulzuras
y haz de mis leños una rama verde.

Alma, adiós.

Al promediar la tarde de aquél día,
cuando iba mi habitual adiós a darte,
fue una vaga el dejarte
lo que me hizo saber que te quería.

Tu alma, sin comprenderlo, ya sabía...
con tu rubor me iluminó al hablarte,
y al separarnos te pusiste aparte
del grupo, amedentrada todavía.

Fue silencio y temblor nuestra sorpresa;
más ya la plenitud de la promesa
nos infundía un júbilo tan blando,
que nuestros labios suspiraron quedos...
y tu alma estremecíase en tus dedos
como si se estuviera deshojando.