lunes, 24 de septiembre de 2012

Sueños diurnos.

¡La sombra!, ¡Los recuerdos! Si porque te quiero quieres que yo la muerte reciba hágase su voluntad, muera yo porque otro viva. Hasta la almohada en que duermo tiene lástima de mí; de ver como gimo y lloro cuando me acuerdo de ti. Allí ni un solo rayo, pero la luna venía Temblabas y eras mía, en un sueño me vertía. Una errante luciernaga alumbró nuestro beso, el contacto furtivo de tus labios de seda... La mistica de aquél sofá sombrío... Dieron paso a esos íntimos besos Esas noches de dulzuras, de las cuales me acuerdo todavía en señorial sala de estar, la tapicería amortiguaba el ruido con sus hilos espesos, desnuda tú en mis brazos fueron míos tus besos; tu cuerpo de pardo rojo seda, tus cabello oscuros y tu melancolía lisa, tus frescuras de virgen y tu olor de resesa... Apenas alumbraba la lámpara los desteñidos labrios de el último beso.

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