martes, 6 de noviembre de 2012

Cuando la luna...

Brillando en el cielo de medianoche,
Sobre los abismos etéreos y distantes,
Me acechaba, anhelante,
Una seductora, resplandeciente estrella;
Cada crepúsculo retornaba
Brillando porque la miraba a ella.
Místicas formas bellas se fundían
En sus gloriosos rayos color caramelo,
Fantasías de dicha descendían
En miríadas de elisíaco placer.
Pensé que el placer reinaba allí,
Donde el libre y el bendito habitan,
Y cada instante un tesoro traía
Envuelto en flores de loto,
Flotando en una nota líquida
De la guitarra ambigua de mi ser.

Y cuando la luz de la luna cae sobre mi lecho,
Sé que en tu lugar de descanso,
Desde las amplias aguas del oeste,
Llega una gloria trepando los muros:
El mármol brillante aparece en la oscuridad,
Arrastrándose lentamente sobre la plateada llama
Que recorre las letras de tu nombre,
Y el número de tus años.
La mística gloria nada en la distancia;
Fuera de mi lecho la luz de la luna muere;
Y cerrando los párpados de agotados ojos,
Duermo hasta que se diluya el crepúsculo:

Y entonces sé que la niebla ha cubierto
Con su lúcido velo todas las costas,
Y en una iglesia oscura como un fantasma
El destello de tu lápida reposa hasta el alba.

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